Santiago Belaunzarán
Gallástegui
El concepto del arte del
tiempo
27 de febrero de 2013
Análisis
Análisis de “El Jardín de las Delicias” de Hieronymus
Bosch
La pintura “El Jardín de
las Delicias” es la obra más famosa del pintor flamenco Hieronymus Bosch, mejor
conocido como “el Bosco”. Al ser un tríptico, consta de tres partes, y además
tiene la novedad de al abrirse y cerrarse mostrar pinturas distintas y contar
historias diversas. Al ser una obra tan
compleja, el análisis sobre esta pintura se reducirá solamente a la parte
central del tríptico, que, a mi consideración, es la más grande y la más
importante, así como el argumento central de la pintura. En el siguiente trabajo se hará un análisis de
la obra basándose en doce criterios vistos anteriormente en clase.














Existen
dos líneas horizontales que son visibles con facilidad (marcadas en rojo), una
es la línea del horizonte y la otra la que figura debajo del lago superior.
Mientras que una posible tercera línea horizontal podría ser considerada como
línea no visible (en azul) que marca la dirección de los cauces del lago.
Las líneas
verticales son tres (naranja) a mi consideración, y son menos obvias. No
obstante, dotan a la pintura de orden y balance. La primera, en la parte izquierda,
marca el comienzo del círculo de la gente que va a caballo y baja desde la
construcción rosa que descansa sobre el cauce izquierdo del lago. La segunda
línea es la más importante, ya que divide a la pintura en dos, empezando por un
edificio azul de carácter fálico y luego pasando por el lago en forma de elipse
al centro. La tercera línea baja desde el edificio más cargado a la derecha de
la pintura y consolida, finalmente, la división de la pintura en cuatro partes:
dos partes centrales y dos partes de menor tamaño a los extremos.
Dos líneas
diagonales (morado)que parten desde los extremos inferiores y salen por los
riachuelos provenientes de los castillos más lejanos añaden dinamismo y van
perfecto con la atmósfera de agitación, lucha y movimiento que ya posee la
pintura. Otras dos líneas verticales rodean la esfera azul que pulula en el
centro del lago y terminan en el centro de la parte superior. Además, estas
líneas forman un área rectangular alrededor de dicha esfera, proporcionando
estabilidad. Este triángulo es, a su vez, dividido en dos triángulos más
pequeños por la línea vertical del centro que desemboca en la torre fálica.
Las líneas
curvas (negro) se encuentran enmarcadas alrededor de las formas naturales de
los árboles que rodean el escenario de batalla. Sirven para expresar suavidad y
naturalidad en el paisaje y contrasta con el caos que acontece en la parte
central de la obra. Una línea no visible espiral (azul marino) comienza
alrededor de los árboles a los extremos en el centro y progresa rodeando a los
jinetes, y acabando en el estanque del centro.
Las líneas
quebradas son prácticamente nulas o inexistentes en esta pintura. Por otro
lado, otra área triangular se pude ver en el edificio rosado de la parte
izquierda. Existen, además, tres áreas circulares pertenecientes a las tres
esferas (una rosada y dos azules) que adornan la pintura. Un área circular
menos obvia pero de suma importancia es la que forman los jinetes a caballo en
el centro de la obra. Y, por último, el área elíptica del lago del centro
termina por añadir gracia y paz en medio del caos.
Fondo:
En general, tanto el fondo
como las figuras en “El Jardín de las Delicias” son complejos, sin embargo, me
atrevería a decir que el fondo es ligeramente más simple que las figuras, sobre
todo por la cantidad de figuras que hay. Esto no quiere decir, sin embargo, que
las figuras sean muy detalladas, pero el hecho de que haya tantas hace que las
estas sean complejas. Mismo hecho que ocurre con el fondo: no es muy detallado,
pero es muy diverso, cambiante. Debido a la similar complejidad del fondo y de
las formas, el contraste no es mucho.
Equilibrio:
El centro de la obra es, sin
duda, el estanque donde un grupo pequeño de personas están reunidas; rodeadas
de una tempestad desconcertante protagonizada por un centenar de jinetes.
Alrededor de este eje los elementos están perfectamente balanceados, ya que a
cada lado se encuentran elementos de igual peso que sirven para guardar el
equilibrio.
Proporción:
La proporción de esta pintura
es exquisita. Las formas perfectamente distribuidas a lo largo de la sección
áurea confieren a esta obra un gesto técnico que hace no dudar de Bosch como
artista ni un segundo. En la imagen de abajo se puede ver la sección áurea a la
perfección.

Ritmo:
La pintura tiene mucho ritmo.
La repetición de elementos como los jinetes o los castillos en forma vertical
forman parte tanto de ritmo simple como de ritmo compuesto, ya que se repite un
elemento, y, además, algunos elementos se repiten en cada intervalo.
Espacio:
El espacio imaginario en “El
Jardín de las Delicias” es muy reducido,
ya que la técnica para dar profundidad en esta época no es todavía muy buena. La
proporción de las figuras en cuanto a la lejanía o cercanía no es muy variable
por lo que no da la sensación de profundidad, sino parece que la imagen continúa
para arriba y no hacia el fondo. Además, los detalles en las figuras del primer
plano y del segundo varían muy poco y solo hasta el tercer plano, en el paisaje
del horizonte, particularmente, se puede apreciar una diferencia considerable
en la pérdida de detalles y reducción del tamaño de las figuras.
Perspectiva:
La perspectiva es pobre. El
espacio entre las figuras no es el adecuado como para dar a entender la
distancia que hay entre un objeto y otro.
Color:
Los colores no están muy
saturados y también los consideraría un poco opacos. Los colores más luminosos
son los verde-amarillo del pasto en la parte central, mientras que los más oscuros
permanecen alejados en las esquinas. Más importante, me atrevería a decir que
la pintura tiene una frecuencia alta, ya que, pese a que existen algunos tonos
amarillentos, la mayoría de la pintura está basada sobre colores fríos, que van
desde los tonos verdes hasta los morados. No obstante, la temperatura de la pintura
no es ni muy cálida, ni muy fría.
Textura:
La pintura tiene muy poca
textura, tanto táctil como visual, porque además de que la superficie es plana
(por el tipo de técnica y pintura), tampoco podemos imaginar “sentir” la
textura porque no da esta impresión.
Función:
El propósito por el cual esta
obra fue creada es, desde mi punto de vista, ideológico, debido a que busca
transmitir el pensamiento social, y en específico religioso, de la sociedad en
esa época a finales de la Baja Edad Media.
Tema:
El tema de esta pintura está
completamente ligado a la religión, y, concretamente, a la religión católica en
el siglo XV. El tema es controversial porque muestra el contacto del Hombre con
los pecados, como el deseo sexual (la lujuria) y el castigo eterno que estos
merecen. También trata un tema mitológico, ya que explica parte de la creación
del mundo según el catolicismo (la creación del mundo y de Adán y Eva
representada en la parte izquierda del tríptico).
Ensayo
Hieronymus Bosch: un surrealista adelantado
Lo primero
que se agitó en mi mente al ver la
pintura más famosa de Bosch “El Jardín de las Delicias” fue el recuerdo
inconfundible del pintor surrealista Salvador Dalí. Mientras que el famosísimo
Dalí fue el ícono del surrealismo del siglo XX, “el Bosco” nos dio un adelanto
de esta tendencia cinco siglos antes. Bosch fue un artista reconocido por su
realismo, alguien controvertido, que expresó en su arte el lado más humano del
Hombre; el acercamiento de este al pecado, a la tentación. Aunque bien es
cierto que durante esta época la tendencia de los artistas era tratar temas
religiosos, ninguno lo hizo como Bosch, ya que este fue de los pocos que se
atrevió a revelar el lado oscuro del hombre renacentista. En el siguiente
ensayo se analizará el estilo “adelantado” de Bosch, así como los temas que
trata, y, finalmente, se comparará su arte con el surrealismo del siglo XX (de
Dalí, específicamente).
¿Por qué
razón “El Jardín de las Delicias” es una de las pinturas más vistas en el Museo
del Prado de Madrid? ¿Por su belleza estética? ¿Por lo que representa? ¿Por el
estilo casi único de Bosch que lo distingue de los otros pintores de la época?
¿Por tratar temas tan distintos y polémicos en una época donde no se
acostumbraba? La respuesta involucra todas las preguntas anteriores, ya que,
efectivamente, Bosch fue un artista polémico, adelantado, de gran técnica y
distinto estilo. Simplemente, fue único. Se puede sospechar que “el Bosco” es
diferente a las tendencias de la época desde el momento en que varias de sus pinturas están presentadas en
forma de trípticos. Este estilo y forma de representar su arte me parece muy
interesante, ya que permite desarrollar una historia con un orden cronológico y
explica sucesos distintos en escenarios y tiempos diferentes.
Entrando
en aspectos más técnicos, el estilo de Bosch no es mi favorito, al contrario,
me atrevería a decir que me incomoda, me disgusta. La combinación de colores
opacos y formas humanas poco detalladas, irreales, me aburren y al mismo tiempo
me cansan. Y, por otro lado, el uso de una gama de color con tan pocos matices
y con colores tan puros hacen que sus obras sean poco profundas (sin
profundidad de campo, específicamente) y las figuras carezcan del volumen
adecuado, lo que hace que pierdan realismo. Además, sus pinturas son muy
parecidas entre ellas, al grado de caer en la monotonía o falta de diversidad.
Los temas
que trata en su obra, sin embargo, lejos de parecerme aburridos o cansados, los
considero audaces, incluso irreverentes y descarados. “El Bosco” demostró mucho
interés en desnudar al Hombre, al tratar temas como “la rendición del ser
humano ante el deseo sexual” retratando orgías como en “El Jardín de las
Delicias” pero, a su vez, plasmó también el castigo del que somos merecedores
al sucumbir ante este deseo (considerado un pecado, la lujuria) representándolo
a través del castigo eterno en el infierno. Esto arroja también una
interrogante importante: ¿Bosch apoyaba el pensamiento de la Iglesia y creía
que merecíamos el castigo eterno al desear sexualmente a otra persona? ¿O
simplemente retrataba esto para transmitir lo que se pensaba en la época sin
estar de acuerdo? La valentía de Bosch al mostrar el lado más infame y animal
del ser humano en una época rodeada de tabús y condenada por la religión me
parece digna de un reconocimiento enorme, sin precedentes.
Por lo
mismo, gracias a artistas como “el Bosco” fue posible la transición de una
época oscura, donde la ignorancia reinaba bajo el yugo de la religión católica,
a una nueva época, llena de luminosidad y acceso al conocimiento a través del
arte: el Renacimiento. Esta fue la razón principal por la que Bosch no fue muy
estimado en la sociedad de su época, sobre todo entre la burguesía, y, por lo
mismo, es un artista que obtuvo mucho mayor reconocimiento siglos después de su
muerte y no de inmediato. Solo es posible comprender su importancia con el
pasar de los años y la posibilidad de visualizar la historia a gran escala.
Por
último, no cabe duda de porqué a Bosch se lo considera un “surrealista
adelantado”; es obvio al ver en “El Jardín de las Delicias” o “La Muerte de un
Avaro”[1]múltiples
elementos irreales que sumergen al visor en un mundo inexistente, surreal. En
la primera pintura, varios animales fantásticos merodean en un paisaje casi
divino, mientras que en la segunda, esqueletos y criaturas incluso satánicas
rodean la cama de un moribundo, creando una atmósfera siniestra, tétrica. Por
supuesto la obra de Bosch no llega a un grado extremadamente surrealista como las
pinturas de Salvador Dalí, no obstante, son un buen preámbulo y el inicio de un
surrealismo que yo calificaría como precario. Aún así, Dalí utiliza, en la
mayoría de los casos, colores no muy saturados, sino opacos y gusta de retratar
figuras alargadas, casi manieristas, haciendo uso, asimismo, de una gama de
color reducida, sin muchos matices.
No cabe
duda, después de este análisis que, aunque “el Bosco” no es un pintor que
atraiga principalmente-o al menos a mí- por su belleza estética, su técnica o
su estilo, es un artista sumamente interesante, que, sin duda, fue un parteaguas en su época, y uno de los
pioneros que mostró el camino hacia una nueva era rodeada de luz y
transparencia. Un surrealista adelantado, un hombre con ideales, decidido en
desenmascarar al Hombre y retar los tabús impuestos por la Iglesia; sin duda,
Bosch fue un artista excepcional, distinto. Por lo cual, tengo la certeza de
que la próxima vez que me tope con una de sus pinturas en un museo, en
Wikipedia o en una revista, mi análisis y entendimiento irán más allá de sus
figuras imperfectas, y de sus colores opacos; lograré comprender su intención y
su argumento principal, lograré entender a este genio y veré de manera distinta
a un artista que también fue hombre, humano.
Bibliografía:
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